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#GlobalRevolution: ¿fin o medio para un fin?

Conversación intergeneracional la segunda noche de Sol

Cuando se desmontó el campamento de Sol, el comentario más oído de la gente que no se sentía parte del movimiento era ‘esto va a perder fuelle’. Cuando se convocó la manifestación del 19 de junio para recibir a las marchas en Madrid, aquellos que todavía veían el 15M como algo ajeno vaticinaron que no iría nadie; y se colapsó la capital. Estos mismos incrédulos incansables auguraban un fracaso estrepitoso en una convocatoria mundial el pasado sábado; y sin embargo hubo movilizaciones en más de 90 países: los habitantes de más de 1000 ciudades salieron a la calle a apelar a la conciencia ciudadana.

¿PROPUESTAS CONCRETAS?

No quiero caer en la generalización de decir que las mismas personas que ponen en duda la perdurabilidad en el tiempo de un movimiento ciudadano sin base asociativa son aquellas que exigen propuestas concretas para validar lo que se ha hecho hasta ahora; pero tengo la impresión de que aquellas personas que no se sienten parte de las reivindicaciones del 15M no es porque no las compartan, sino porque no entienden que el medio es un fin en si mismo.

El fin del 15M es cambiar el sistema: arreglar sus desperfectos, hacerlo más justo, poner el sentido común y el interés general por encima de los intereses individuales. Hasta ahí todo claro. Sin embargo creo que eso se consigue haciendo a la sociedad consciente de los fallos para que ésta los corrija por si misma como masa: no hacen falta propuestas concretas porque la única  manera de cambiar el sistema es cambiando la mentalidad individual. Recoger firmas y entregarlas en el Congreso para que se cambien las leyes es el camino que establece el sistema, y que difícilmente puede cambiarlo: si la conciencia de la sociedad cambia, el sistema forzosamente tiene que cambiar.

INICIOS POCO PROMETEDORES

Construcción de #AcampadaSol la segunda noche

El hecho de que cada vez las convocatorias tienen mayor aceptación social es una prueba de que está funcionando. El 15M apenas 40 personas durmieron en Sol. La segunda noche ya había 300 personas acampadas en la plaza. #OccupyWallStreet comenzó a fraguarse en un espacio artístico situado en el cuarto piso del 16 de Beaver Street y meses después miles de personas se manifestaban en un país en el que la movilización ciudadana desorganizada es algo muy poco común.

LA EMOCIÓN NO CONSTRUYE PERO FRAGUA CIMIENTOS

Zigmunt Bauman, filósofo y sociólogo polaco, Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010, decía a EL PAÍS en una entrevista que el 15M es un movimiento ‘emocional’ y por lo tanto ‘si la emoción es apta para destruir resulta especialmente inepta para construir nada. Las gentes de cualquier clase y condición se reúnen en las plazas y gritan los mismos eslóganes. Todos están de acuerdo en lo que rechazan, pero se recibirían 100 respuestas diferentes si se les interrogara por lo que desean’. Por esto no se le pueden exigir propuestas concretas. El análisis que Bauman hace del movimiento social, si bien crítico, es a mi parecer muy acertado:  ‘El movimiento 15M trataría de suplir la falta de globalización de la política mediante la oposición popular’. Su efecto no puede ser crear una oposición eficaz, ni su fin un partido político, como muchos exigen. Su labor es ‘allanar el terreno para la construcción, más tarde, de otra clase de organización’. Es la mentalización ciudadana de que hay que tender hacia el cambio.

DIÁLOGO GLOBAL

El diálogo que se ha ido construyendo desde la primera manifestación tunecina; que fluyó hasta Tahrir, Libia, Siria, Yemen… que llegó a la Puerta del Sol; continuó por Europa y Asia; y contagió al continente americano, es un discurso de cambio de sistema a todos los niveles. Si la política y la economía están globalizadas, tamibién lo debe estar la conciencia ciudadana, y no sólo el consumo. Las sociedades árabes no protestan por lo mismo que las occidentales: los muros que deben derribar son mucho más altos. Sin embargo, la construcción de los mismos es en parte responsabilidad de occidente, y la presión por el cambio de sistema en el otro lado de un mundo globalizado hace que esta #GlobalRevolution lo sea a todos los niveles: los ciudadanos del planeta se comunicacan entre sí en busca de un sistema que sea más justo para todos, exigiéndole a sus gobiernos que cada pieza del puzzle que compone su política vele por su casa, pero también por los ciudadanos que están fuera de ella.

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