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“Traigo a mi San Juditas y le regalo”

Un hombre carga con su San Judas en la puerta del Templo de San Hipólito

Lo bueno de estar en una ciudad nueva es que, si ya de por si eres una persona curiosa, esa curiosidad aumenta exponencialmente en territorio desconocido. Y cuando te empiezas a cruzar con gente cargando con esculturas de un Santo de un metro de alto por la calle, definitivamente necesitas saber por qué es.

El día 28 de cada mes cientos de mexicanos acuden a la Iglesia de San Hipólito a venerar a San Judas Tadeo, el patrón de las causas imposibles. Durante todo el día cortan las calles aledañas al templo y éstas se llenan de ‘vendedores de accesorios’ para la figura, tiendas de dulces y devotos.

Tianguis de estatuillas de San Judas Tadeo

Caminando entre los tianguis (puestos callejeros) vas descubriendo un mundo del que al principio no entiendes nada: decenas de vendedores de pulseras verdes y blancas; bolsas con la figura de San Judas; camisetas, gorras y demás merchandising que recuerda al de un festival de música.

Grupo de jóvenes que vienen a venerar a San Judas

"Traigo a mi San Juditas y le regalo"

Y entre todo este negocio, cientos de chavales de entre 13 y 20 años, de clase baja, que cargan con su figura del Santo, adornada con decenas de pulseras y cintas, en una bolsa colgada del cuello. “Yo le pido a San Juditas y si me lo concede vengo y le regalo. Le pido trabajo, por mi familia, mis amigos, salud…” Pero el ambiente que se respira en la calle no es de devoción al uso, sino de fiesta. Alejados de la puerta del templo, donde los que no han podido entrar (porque no cabe un alfiler) escuchan misa a través de los altavoces, los jóvenes se congregan para bailar.

 

Bailando en la puerta de la iglesia

La religión en México, a diferencia de en España, se concibe como una fiesta. Por muy creyente que seas, aquí la devoción no gira en torno al sentimiento de culpa y el arrepentimiento, sino que se intenta festejar cada aspecto de esa devoción. Así, los chavales, después de pedirle trabajo al Santo, se reúnen en corrillo y danzan, sin necesidad de música, unos bailes que de realizarse en la puerta de una iglesia en España podrían ser motivo de detención. Aquí sin embargo son jaleados por sus compañeros de generación y su comportamiento es aprobado por sus mayores como algo normal: es una celebración.

México es una nación de reinterpretaciones: adaptan todas las influencias al

Vendedor de bolsas para los "San Juditas"

carácter del país. Así surge no sólo esta idea de la religión; sino también la concepción de la política en la que las alianzas entre partidos y las legislaciones de cada estado (México es una unión de estados federados) hacen que no quede muy claro dónde está la izquierda y la derecha, resumiéndose todo en un populismo barato cuya dirección oscila entre las clases altas o bajas según el tema a tratar; o del comercio, quedándose con la idea de que el consumismo desaforado de sus vecinos del norte es el camino, pero queriendo saltarse todos los pasos intermedios: los bienes de consumo son demasiado caros para el poder adquisitivo del mexicano medio, así que lo que compran son baratijas inservibles y comida.

Oír misa en la puerta del templo

El próximo 28 de octubre es la fiesta grande: el Santo cumple años. Peregrinos de todos los puntos de este país que no se rige por la lógica, sino por las pulsiones vitales, vendrán al corazón de su tierra, al DF, para rendir pleitesía a San Judas, patrón de las causas imposibles. No faltarán ni los mariachis, ni la fiesta.

Haciendo hueco entre baile y baile